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Published on febrero 19th, 2020 | by Asosec

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Ciudades seguras, ciudades flexibles

En el futuro cercano, la seguridad de las ciudades dependerá, cada vez más, de la capacidad que tengan para adaptarse a los cambios repentinos. El súbito poder disruptivo, la variedad en la naturaleza de sus orígenes y el inusitado incremento en la frecuencia de materialización que están cobrando los riesgos del presente provocan que nos replanteemos la manera de gestionar las ciudades, más aun cuando estos riesgos llevan en su seno amenazas hasta ahora desconocidas.

Sólo en el último año he visto con asombro cómo distintas urbes que albergan la vida de millones de personas son sorprendidas, prácticamente sin aviso y en cuestión de horas, por ataques terroristas que provocan centenares de víctimas inocentes, tormentas de nieve que inmovilizan la actividad de miles de aviones, virus trasmitidos por mosquitos que ponen en riesgo a centenares de miles de ciudadanos y migraciones masivas e incontenibles de refugiados que huyen de conflictos armados.

Sólo menciono aquello que ha sido objeto de los titulares de la prensa, porque, en la rutina diaria, los pobladores de las metrópolis siguen padeciendo la violencia de las bandas criminales, el caos en los servicios públicos y los crecientes déficits ambientales. La cuestión es que cada caso viene acompañado de muerte, conflicto o desesperación, así como de otros elementos que alejan al individuo de las ventajas de la calidad de vida de las ciudades a las que alguna vez aspiró.

Ciudades resilientes

Pero, ¿cómo pueden las ciudades hacerse más flexibles y adaptables para afrontar retos de esta magnitud? Y ¿por dónde empezar? No resulta fácil conseguir respuestas a preguntas de esta naturaleza; sin embargo, muchos centros poblados en todas partes del mundo están experimentando con opciones muy interesantes que pueden ser las claves para el inicio. Permítanme compartir con ustedes siete principios que considero relevantes de las ciudades resilientes. No digo que sean los únicos: es posible que los lectores conozcan otros y me ayuden a enriquecer este inventario.

Capacidad de reflexión.

 

Hay ciudades que aprovechan sus experiencias pasadas y las capitalizan en nuevas e innovadoras formas para mejorar la vida de sus ciudadanos. Por ejemplo, Nueva Delhi (India) restringió al máximo la circulación de motocicletas por el gigantesco centro de la ciudad, ya que eran utilizadas por delincuentes y provocaban atropellos a los peatones. Por ello, creó viales sólo para motos, liberando a la urbe y sus ciudadanos de las amenazas de estos vehículos y devolvió las estrechas calles a los caminantes y mercaderes que, tradicionalmente, han hecho vida en el corazón de la ciudad, incentivando, además, el regreso de turistas a la zona.

Ingenio en el uso de recursos.

Existen urbes que aprovechan todos los recursos disponibles para hacerlas más habitables. Kigali, la capital de Ruanda, caracterizada por el caos y la violencia durante décadas, ha entendido que, a través de un proceso progresivo de urbanización en zonas marginales densamente pobladas, es posible mejorar sensiblemente los indicadores de seguridad. Ampliación e iluminación de veredas, restauración de casas y mayor protección a la población más vulnerable son algunas acciones que, con muy pocos recursos pero mucha imaginación, están abriéndose camino en la ciudad. Es tan notorio el cambio que, actualmente, varias zonas, en el pasado reconocidas por sus altas tasas de criminalidad, se han convertido en destino turístico para extranjeros.

Diseños robustos.

Se trata del diseño de la infraestructura y los servicios con criterios de durabilidad y resistencia incluso en espacios pequeños o en zonas geográficamente complicadas.

El pasado año, la auditoría Skytrax reconoció al aeropuerto El Dorado de Bogotá al ubicarlo entre los 23 mejores aeródromos del mundo. Colombia cuenta con una terminal aérea diseñada y desarrollada para impulsar a su capital como un destino seguro, confiable y amable. Grandes espacios, señalización bien pensada y una multiplicidad de servicios ofrecen al pasajero una instalación concebida para soportar las demandas de los nuevos tiempos y garantizar la continuidad operativa.

Redundancia.

Las ciudades diseñadas para el futuro duplican sus capacidades para adaptarse a la potencialidad disruptiva del entorno. ¿Por qué hacer una autopista si lo correcto es hacer dos? La redundancia es, de por sí, un concepto de seguridad. Por ello, los aviones tienen dos motores y el cuerpo humano otros tantos riñones.

 

Flexibilidad para la adaptación.

Amoldarse a las condiciones, más allá de forzar el entorno a la ciudad, es algo que los urbanistas han aprendido. Las grandes metrópolis son gigantescos seres vivos que, bien manejados a través de políticas públicas, pueden acomodarse para mostrar su mejor cara y ofrecer más calidad de vida a sus habitantes. Programas como Pico y Placa –para racionalizar la circulación de vehículos en función del horario y la matrícula–, la vigilancia vecinal o los famosos carpools –vehículos compartidos– son ejemplos de adaptabilidad ciudadana frente a lo que no puede someterse.

Compartir e incluir.

Las fronteras son conceptos del pasado en esta sociedad de la globalización y la hiperconectividad. Si es así, ¿por qué seguir dividiendo los espacios geográficos? Una poderosa característica de las ciudades resilientes es que pueden integrar a la gente en espacios comunes. Parques, actividades culturales, consultas ciudadanas, el deporte y la recreación son verdaderos integradores sociales. Recientemente, observé con admiración la cantidad de personas, de los distintos rincones de Caracas, que se concentran los sábados por la mañana para hacer yoga en la plaza de los Palos Grandes.

Integrar para resolver.

La sociedad civil organizada y los gobiernos locales pueden solucionar problemas y generar bienestar. En este sentido, las ciudades del mundo están conectándose activamente a través de redes tecnológicas interactivas para maximizar la calidad de vida de la gente. Montevideo (Uruguay) es un ejemplo de ello.
Una ciudad que pretenda construir seguridad no puede pasar por alto estos principios. Muy al contrario, es necesario volver al concepto original: la resiliencia es sobrevivir y prosperar, independientemente del reto.

Fuente: Security Latam


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Asociación Colombiana de Seguridad



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