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Colombia

Published on Abril 24th, 2015 | by Asosec

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La delincuencia común protagoniza el nuevo terrorismo

La evidencia de lo que será el terrorismo del mañana quedó expuesta cuando los comandos especiales de la Policía derribaron la endeble puerta de una finca, en un paraje rural de Pitalito, Huila.

Encontraron dos bombas de 1.6 kilos cada una, armadas con nitrato de amonio, cordón detonante y un celular, cuyo objetivo era explotar contra dos CAI en Bogotá.

En ese operativo del pasado 30 de marzo fueron capturados alias “Conejo” y “Pablo”, desmovilizados de los frentes 8 y 14 de las Farc, a quienes las autoridades sindican de participar en cinco acciones terroristas perpetradas en el primer trimestre del año en la Capital, que incluyen bombazos contra una entidad bancaria y puestos policiales, como el del 12 de marzo, cuando una detonación en el barrio Quiroga al paso de una caravana de la Fuerza Pública, dejó heridos a cuatro uniformados, dos civiles adultos y un menor.

La Dijín explicó que los dos detenidos abandonaron la subversión hace 8 años y “pusieron sus conocimientos en la manipulación de explosivos al servicio de una estructura de delincuentes comunes liderada por alias ‘Rojo’, que cobra a narcos, bandas criminales o grupos de extorsionistas por atentados en cualquier parte del país, evidenciando la ausencia de motivación ideológica y/o tendencia política”.

Una semana antes, las autoridades habían capturado a otros cinco miembros de este escuadrón de mercenarios, durante 9 allanamientos en Bogotá. Les decomisaron 3 armas, municiones y material para fabricar bombas.

Lo que más llamó la atención fue el hallazgo de una agenda, en la que “realizaban anotaciones sobre los objetivos que tenían para realizar sus acciones terroristas y los lugares donde gestionaban la consecución de explosivos”.

El líder de esa célula era, presuntamente, Wilmer Cañón, apodado “Pedro”, quien ofreció los letales servicios al Eln, que pagó $20 millones por cada atentado, para un total de $100 millones por un “contrato” de tres meses.

“Se trató de acciones de baja escala, que no perturbaban la ciudad como un todo, pero la suma de esos hechos no dejó de preocuparnos, pues causaban zozobra. Nos llamaba mucho la atención esta presencia terrorista en Bogotá”, comenta el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón.

Añade que los detenidos “vendían sus servicios al mejor postor”, en lo que las autoridades denominan un “outsourcing criminal”.

En un eventual escenario de posconflicto con las Farc y el Eln, este será el nuevo reto del Estado en la lucha contra el terrorismo, un fenómeno que no morirá con el fin de las guerrillas, como tampoco se extinguió el narcotráfico con la caída de los carteles de Medellín, Cali y Norte del Valle.

UNA TRAMA DE ESPÍAS

El narco colombiano quedó sorprendido cuando el asesino internacional le mostró dos sofisticadas máscaras, con las cuales cometería los homicidios que le encargó.

Se trataba de dos caretas de látex, que al ponérselas, transformaban la apariencia del sicario para hacerlo ver de una raza diferente. El plan ya estaba trazado: matar a un agente de la DEA y a un informante que entorpecían la labor de los traficantes.

Esta intrigante trama de espías y terroristas, que demuestra cómo clanes extranjeros ofrecen sus servicios a mafias de nuestro país, quedó plasmada en el expediente N° S713Cr.521 de la Corte del Distrito Sur de Nueva York, en E.U.

El documento señala que Joseph Hunter, alias “Rambo”, se retiró del Ejército estadounidense en 2004, tras haber sido un sargento destacado en operaciones de asalto aéreo e instructor de francotiradores.
Se convirtió en un matón a sueldo y en 2012 reclutó un equipo élite de militares retirados: el estadounidense Timothy Vamvakias, el polaco Slawomir Soborski y los alemanes Dennis Gogel y Michael Filter, todos con experiencia en conflictos bélicos, incluyendo los de Kosovo y Afganistán.

En enero de 2013, “Rambo” contactó a dos narcos colombianos y les mostró los currículos de su equipo, ofreciendo un portafolio de servicios que incluía vigilancia de cargamentos de droga, exterminio de enemigos y cualquier acto terrorista que la plata pudiera pagar.

El contrato quedó en firme y Hunter les prometió a sus mercenarios que en adelante verían “muchas toneladas de cocaína y millones de dólares”.

El primer trabajo fue custodiar un barco cargado de estupefacientes que arribó a la costa de Nueva York el 26/3/13; el segundo encargo fue escoltar a los colombianos en una reunión en África con mafiosos de Europa Oriental, para pactar un intercambio de armas por cocaína (11/4/13); y el tercero, vigilar la cargada de 300 kilos de droga en una avioneta en Las Bahamas (26/6/13).

La cuarta misión fue planear el asesinato de un agente de la DEA y un capitán de barco, informante de esa agencia antidrogas en Liberia (África).

Tras un mes de enviar y recibir correos, en los que se acordó que dos de los sicarios emplearían un par de subametralladoras y de pistolas calibre .22, el 16/8/13 se reunieron Gogel y uno de los narcos contratantes en un hotel de Tailandia.

Allí el alemán le mostró a su empleador las máscaras especiales que usarían para encubrir su identidad, al estilo de la película “Misión Imposible”. Por el doble crimen pidieron 800.000 dólares y Gogel dijo con entusiasmo: “I love this work!”.

Lo que ignoraban los exmilitares, es que la DEA tenía monitoreados a los colombianos, cuyos nombres no revela el informe judicial. Los traficantes fueron interceptados por los agentes y terminaron cambiando de bando, convirtiéndose en informantes de los americanos y revelando el plan de sus contratistas.

Los 5 criminales fueron arrestados en septiembre de 2013, en operativos en Tailandia, Liberia y Estonia.

Prett Bharara, fiscal del Distrito Sur de Nueva York, declaró que este expediente parecía extraído de una novela de espionaje de Tom Clancy (autor de “Juego de Patriotas”, entre otros), y que esta “banda internacional de mercenarios usaba su entrenamiento élite militar para fines malignos”.

CAMBIA LA DINÁMICA ILEGAL

La subcontratación para cometer atentados no es un negocio nuevo en Colombia, sin embargo, la dinámica que está tomando ahora es de orden inverso: ya no solo la insurgencia busca a las bandas para encargarles homicidios y explosiones, sino que se están conformando facciones de delincuencia “común” que persiguen a las organizaciones terroristas para ofrecerles su catálogo, en una negociación clandestina que ya se impone en el planeta.

Del primer modelo, en el que las organizaciones subcontrataban terroristas extranjeros y nacionales, el país recuerda casos como el de Yair Klein, el mercenario israelí que entrenó escuadrones paramilitares y del cartel de Medellín en los 80; o los irlandeses del IRA, que capacitaron a las Farc en explosivos.

También está el atentado con una bomba lapa en Bogotá, adherida al carro en el que viajaba el exministro Fernando Londoño (15/5/12), por la que murieron un escolta y el conductor, hubo 48 heridos, 7 vehículos destruidos y 53 locales afectados.

Según la Dijín, para ese crimen las Farc contrataron a una oficina caleña de cobros sicariales, llamada “el Parche del Zuley”.

En el nuevo modelo, en el que la contratación llega por oferta externa, no solo se han detectado las actividades de los grupos de alias “Rojo” y de “Rambo”, también se padecieron las acciones de la banda “los Ingenieros”.

Para la Fiscalía, esa estructura es responsable del rapto del exgobernador de Chocó, Patrocinio Sánchez (25/8/13), y se dedicaría a secuestrar políticos y empresarios para luego ofrecerlos en venta al Eln. El pasado mes de febrero arrestaron a 12 presuntos miembros de la agrupación, incluyendo al concejal de Quibdó, Carlos Pino Córdoba.

El analista Jorge Giraldo, quien integró la Comisión Histórica del Conflicto en los diálogos de La Habana, señala que existen dos tendencias: una es la de las amenazas globales, con expresiones de ciberguerra y terrorismo radical de distintos grupos, “de la cual no estamos exentos”, que se valen de la tecnología, movilizan mercenarios y tienen intereses interconectados, lo que genera vulnerabilidad global.

La otra “es un terrorismo de bajo impacto, en manos de bandas criminales, por la transferencia de conocimiento con grupos terroristas. Esa es la más común en Colombia”, precisa Giraldo.
Jeremy McDermott, codirector de la Fundación Insight Crime, señala que debido a que las estructuras de crimen organizado operan en redes y nodos, “bajo el esquema de la subcontratación es muy posible que quienes ejecuten los actos no sepan en realidad para quién están trabajando y desconozcan a los autores intelectuales”.

“TRASHUMANCIA”

El general Rodolfo Palomino, director de la Policía, opina que “hay individuos que tienen trashumancia delictiva, que hicieron parte de las Farc, estuvieron en la red de apoyo del Eln y terminaron laborando en bandas ”. Ese caso aplica a “Conejo” y “Pablo”, los detenidos en Pitalito.

La trashumancia delictiva que menciona el oficial es más preocupante sobre aquellas estructuras de la guerrilla especializadas en acciones terroristas, como la columna móvil Teófilo Forero de las Farc, liderada por Hernán Darío Velásquez, alias “el Paisa”.

Le atribuyen la bomba del Club el Nogal en Bogotá (04/2/03), que dejó 36 muertos; la toma de Gigante, Huila, que destruyó el casco urbano con cilindrosbomba y mató a tres personas (03/12/99); y la explosión de una casabomba en Neiva, donde murieron una fiscal, 9 policías y 3 civiles (14/2/03), entre otros hechos.

¿Será que después de la desmovilización, los miembros de esta columna, expertos en terrorismo, se reinsertan a la sociedad? ¿O harán la trashumancia?

¿Qué decir de las 89 Redes de Apoyo al Terrorismo (RAT), que tiene reseñadas el Ministerio de Defensa? Son grupos de milicianos sin camuflado, que hacen trabajos rurales y urbanos para las guerrillas, como la que descubrieron en junio de 2014 en Medellín, donde arrestaron a ocho ciudadanos traficando armas y explosivos para el frente 36.

En estas dudas, entre otras, se basa el ministro Pinzón para anunciar que después de firmar la paz no se puede reducir la Fuerza Pública. “Buena parte del país ya está en posconflicto, las FF.AA. tienen que ir todo el tiempo ajustándose de manera flexible a los retos que nos vamos encontrando”.

Una flexibilidad que ya aplican los neoterroristas, tan complicados de reconocer como esas máscaras al estilo de “Misión Imposible”.

 

Fuente: Eluniversal


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Asociación Colombiana de Seguridad



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